Hace un año falleció el “Nègre fondamental”, y dejó al país y a su pueblo huérfanos y librados a sus propias decisiones.
Así es como la blogger martinicana Imaniyé presentó su post-homenaje al fallecido Aimé Césaire [fr]. Ciertamente, es con gran respeto que los martinicanos conmemoraron el primer aniversario de la muerte de Aimé Césaire, que falleció el 17 de abril del 2008.
Los posts de la semana pasada en la blogósfera martinicana dijeron mucho acerca de cómo se sintió la gente -y todavía siente- acerca de este gran hombre. Es con una enorme imagen y una muy breve cita de uno de los trabajas de Césaire que Bondamanjak le rindió homenaje el 16 de abril [fr]; pero la solemnidad del post no esconde la fuerza de su título: “AC pléré an nou lité” [creolé], que significa “Dejemos de llorar, ahora luchemos”. De hecho, Aimé Césaire fue uno de los precursores de los ideales detrás del movimiento popular que tuvo lugar de febrero a marzo del 2009 en la isla, pues era un acérrimo defensor de la négritude y del “auto gobierno”.
La multiplicidad de causas defendidas por Césaire está claramente mostrada en la enorme cantidad de contribuciones y comentarios aparecidos en el aniversario de su muerte - sobre todo en el blog Montray Kréyol: desde el 16 de abril, Montray Kréyol ha publicado un promedio de quince posts acerca del hombre, sus logros o las maneras tangibles con los cuales honrar a Césaire hoy. Sin duda, uno de los primeros posts en Montray Kréyol (publicado el día anterior al del aniversario oficial) trata de la decisión del servicio postal nacional francés de honrar a Aimé Césaire con una estampilla. Esta decisión desencadena un muy irónico comentario del autor [fr]:
El negro les molesta, y ahora van a tener que lamerlo…
No parece muy contento, señor Césaire, en esta estampilla que debe salir el 17 de abril en la Francia continental, y también el 17 y 18 en Fort-de-France, en Martinica. Y sin embargo, es la imagen suya elegida por La Poste, que tiene todo para ganar, para rendir homenaje a aquel que elaboró entre nostros el concepto de la negritud.
La blogger martinicana Imaniyé también publicó un mensaje para Aimé Césaire, que ella ha elegido que se llame “Bélya Aimé Césaire” [creolé], haciendo referencia a un baile y música de funeral tradicional afro-caribeño, el post también se ocupa de la estampilla.
En el blog Negritude, llamado así por el concepto que Césaire fundó, los lectores pueden darle una mirada a un post de Alain Nicolas, vuelto a publicar, que ha establecido un linaje entre los recientes acontecimientos sociales en las Antillas Francesas y las ideas de Césaire [fr]:
Un año después, en el momento en el que se han dejado escuchar masivamente las voces de los guadalupanos, martinicanos, guyaneses, reunioneses, aspirantes a más decencia y más dignidad, las palabras del «Nègre vertical» resuenan, extrañamente proféticas.
Negritude también comparte diferentes iniciativas que se están realizando para rendir homenaje al fallecido poeta y político:
- Obras en París y en Benín.
- Celebraciones oficiales en Martinica.
- Renombrar una facultad de la universidad en Haití con su nombre.
Source: http://es.globalvoicesonline.org/2009/04/25/martinica-rindiendo-homenaje-a-aime-cesaire/
Creo que se está dando mucho bombo en España a un libro de John Carlin llamado Playing with the Enemy, así que ya sabréis todos que en 1995 se celebró en Sudáfrica el Campeonato del Mundo de Rugby, que el equipo nacional sudafricano, los Srpingbok - a los que durante mucho tiempo se prohibió jugar en competiciones internacionales como sanción contra el Apartheid-, sufrieron mucho para llegar a la final y que en ésta se enfrentaban, precisamente, a los todopoderosos All Blacks, la selección de Nueva Zelanda.
Sabréis también que al final ganaron los Springbok provocando el delirio colectivo -imaginaros, aunque sea difícil, que nosotros hubiéramos ganado el Mundial del 82- y que Mandela supo aprovechar el momento para tener un gesto hacia los blancos, en su mayoría reacios al nuevo Gobierno negro que gobernaba el país desde el año anterior.
Mandela no dudó en vestirse la camiseta verde de los Springboks, bajar al campo a entregar la Copa al capitán y celebrar la victoria con el equipo. Los blancos le correspondieron cantando a coro su nombre en un estadio, el de Ellis Park, lleno hasta la bandera.
Todo esto viene a que el sábado estuve en mi primer partido de rugby. Los Blue Bulls de Pretoria contra un equipo neozelandés. Algo así como la Liga de Campeones, donde los mejores de cada país se enfrentan entre sí. Ganaron los Bulls, el equipo sudafricano, y también se desató la euforia en el campo.
Aparte de tener un montón de normas, el rugby tiene jugadas curiosas como ésta, una de las que más me gustó: Uno saca de banda y los dos equipos tienen que disputarse el balón. Para ello, dos jugadores alzan a un tercero para que se haga con la pelota. Foto: Auro.
El partido me gustó y también el ambiente, pero si hace 15 años sólo había blancos entre el público, este sábado nada había cambiado. Ni un solo negro entre los espectadores. Se podría decir, como escribe Allister Sparks en su libro sobre El milagro sudafricano que “Los negros olvidaron los bailes por las calles de Johannesburgo cuando el equipo nacional, por entonces orgullo de los blancos afrikáner, ganó al Copa del Mundo de 1995; y los blancos no recuerdan ya cuando en el estadio cantaban a Mandela, el primer presidente negro, cuando le dio el jersey con el número 6 al capitán del equipo, François Pienaar“.
Parece un poco pesimista pero, en cierto, sentido, tiene toda la razón.